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24 de abril de 2009

Sugerencias para celebrar el día de Pentecostés

Autor/es: Amós López

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El próximo domingo, las iglesias cristianas celebraremos el día de Pentecostés de acuerdo al calendario litúrgico. Esta fiesta tan central para la iglesia de Jesucristo es la conmemoración que cierra todo un ciclo de celebraciones en el espíritu de la resurrección del Señor.

Desde el pasado domingo de Resurrección, comenzamos a festejar la presencia del Resucitado entre nosotros y utilizamos como
inspiración todos aquellos textos que en los Evangelios nos hablan de los encuentros de Jesús resucitado con sus discípulos y discípulas.
Todo este tiempo se prolonga por 50 días y al final del ciclo celebramos la llegada del Espíritu Santo como promesa de Jesucristo a
la iglesia naciente.

Por lo tanto es importante que tengamos en cuenta que Pentecostés no es principalmente la fiesta del Espíritu Santo sino el cierre del tiempo de resurrección, porque de la misma manera que el Espíritu de Vida resucitó a Jesús de entre los muertos, ahora levanta y vivifica a la iglesia para que ésta continúe con el ministerio de Jesús
resucitado en nuestro mundo. Pentecostés es entonces prolongación del Emanuel, "Dios con nosotros", el Espíritu del Resucitado en la =
vida y la acción de la iglesia comprometida con su reino. Tratemos de ver esta fiesta no como algo aislado, que sólo compete al Espíritu Santo, sino como cumplimiento, como desafío, como presencia del Dios Trino y
Viviente en medio de su creación y de la iglesia que se atreve a asumir en carne propia las consecuencias de seguir a Jesucristo. El Espíritu nos ayuda a vivir como Cristo vivió, a tener una actitud
profética y evangélica ante las dificultades del presente, a luchar y suplicar por la renovación del universo, por la reconciliación entre Dios y los seres humanos, por la unidad en la diversidad, por la paz y el derecho a la vida abundante que Jesús ofrece, porque el Espíritu es Vida.

En la tradición del Antiguo Testamento, Pentecostés es la Fiesta de Las Semanas o de las Cosechas. Celebraba la memoria de la Alianza que Dios hizo con su pueblo en el monte Sinaí, tres meses o cincuenta
días después de la salida de Egipto (Ex 19). Era la fiesta en la cual el pueblo agradecía a Dios el don de la Ley y renovaba la alegría de ser convocados, reunidos y consagrados por Dios para una misión en el
mundo. Según los profetas, en la Nueva Alianza, Dios escribe su ley ya no en tablas de piedra, sino en el corazón de las personas que creen (Jr 31:33). Así, Dios quita un corazón de piedra y coloca en
nuestro pecho un corazón de carne (Ez 36:26). Esta dimensión de Alianza es vivida como un compromiso íntimo y misterioso. El Espíritu nos hace sentirnos unidos a Dios de una manera definitiva y transformadora. Conforme a los Hechos de Los Apóstoles, fue en ocasión de una fiesta de Pentecostés que el Espíritu Santo, expresión maternal de la ternura de Dios, descendió sobre los discípulos y discípulas de Jesús (Hch 2; Jl 3:1-5). En el Nuevo Testamento, esta relación entre la resurrección de Jesús y el descenso del Espíritu es muy directa e intensa (Jn 20:19). El Espíritu que el Resucitado dio a los suyos es el Espíritu de la unidad. El Espíritu hizo que las
personas se comunicaran en las más diversas lenguas y culturas.
Pentecostés fue lo contrario de Babel, fue experiencia de unidad y reconciliación.
En este sentir y en este recuerdo de lo que ha sido y debe seguir siendo la fiesta de Pentecostés, proponemos algunas ideas para
celebrar tan importante evento:

1. Pentecostés es la fiesta en que somos enviados, bajo el influjo del Espíritu, a continuar con la misión de Jesús. Por tanto es también la fiesta de la misión de la iglesia. Es una buena oportunidad para renovar nuestro compromiso misionero. Los cantos, las oraciones, la reflexión bíblica, pueden reflejar este contenido de misión y envío, teniendo en cuenta los desafíos que presenta el mundo y la sociedad actual a la misión de la iglesia.

2. Pentecostés es la fiesta del encuentro y del re-encuentro con los demás. Es oportunidad para promover la unidad cristiana, la unidad familiar, la unidad entre las naciones, de orar por la superación de las diferencias que hoy siguen dividiendo a los seres humanos y destruyendo nuestra propia vida y nuestro futuro. Serán importantes aquí los cantos de acogida, saludos, las oraciones de intercesión por
estas necesidades, la confesión de nuestros pecados cuando no vivimos realmente promoviendo la unidad y la reconciliación. Pentecostés destaca la ternura como un estilo de vida.

3. Pentecostés es la fiesta de la diversidad y la riqueza de la creación de Dios, donde cada cultura y lengua proclama las buenas
noticias del amor de Dios. Es por ello que el ambiente debe ser muy colorido, muy alegre, tratando de mostrar esa diversidad de la creación. El rojo es un color usado como símbolo del fuego que es el Espíritu, telas de colores pueden adornar el espacio del culto; símbolos, afiches, fotos, dibujos que hagan los niños. La música debe expresar esa alegría y esa diversidad. Se recomienda usar cantos de diferentes países, y sobre todo cantos sobre el Espíritu Santo y
sobre la Trinidad, símbolo de la diversidad en el propio ser de Dios.

4. Pentecostés es también tiempo de comunión y solidaridad. La iglesia es enviada a vivir como Jesús, atenta a las necesidades del
prójimo, promoviendo la comunión entre los cristianos, con todas las personas que nos rodean, con toda la creación divina. Esta temática puede tratarse en las predicaciones, en las oraciones, en momentos de testimonios. Las ofrendas serían en esta ocasión un símbolo de nuestro compromiso y entrega a otros y otras.

5. Pentecostés es tiempo de escucha. Necesitamos escuchar los gemidos del Espíritu en los gemidos de la naturaleza amenazada, en los gemidos de la humanidad pobre y hambrienta que sufre las injusticias
y el desamor, en los gemidos de tanta gente que exige libertad, paz y derecho a la vida (Ro 8:23). Pidamos a Dios que podamos comprender lo que cada lengua y nación quiere decirnos hoy, lo que cada situación y
persona nos está diciendo. El Espíritu quiere que escuchemos y hagamos la voluntad de aquel que nos envía. El momento de leer la Palabra y discernir la Palabra nos llama a esta escucha atenta que el Espíritu quiere provocar en nosotros.

6. Algunos textos bíblicos usados en esta ocasión son:

. Salmo 104 (cántico a la acción creadora y vivificante del Espíritu)

. Juan 5:17 (Dios continúa trabajando, re-creando la vida)

. 1 Cor 12 (el Espíritu provee unidad en la diversidad)


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