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24 de abril de 2009

Recursos para trabajar con ancianos/as

Autor/es: CELADEC

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En algunas iglesias, en algún domingo de septiembre, se celebra el día de los abuelitos y abuelitas. En mi iglesia, la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) de Guaynabo, Puerto Rico, se celebrará el próximo domingo 14. Hay mucho de qué hablar, predicar y meditar en torno a este día. A continuación les estamos compartiendo dos poemas relacionados a dicho tema. Ambos fueron colaboración de
la hna. Consuelo Camareno, miembro de nuestra congregación. Estos poemas aparecieron en el Informa, la publicación oficial de nuestra congregación (Año 28, Edición 8, agosto 2003). Valoren a
sus ancianos, y si aún tienen abuelos vivos valórenlos en vida.
Esperamos disfruten los poemas.


Bendición de un anciano

Bendito: Aquel que me ayude sobre todo cuando no se lo haya pedido.

Bendito: Aquel que me ofrece una sonrisa, una palabra amable o un poco de su tiempo.

Benditos: Aquellos que saben hacerme revivir mis bellos recuerdos de tiempos pasados.

Benditos: Aquellos que me soportarán y no me harán sentir el peso de mi pensamiento que camina lentamente

Benditos: Aquellos que se den cuenta que mi vista se nubla y me extienden la mano.

Benditos: Aquellos que estén a mi lado y me recuerden que estoy y que soy interesante aunque no lo sea

Bendito: Aquel que me dice y me hace entender que todavía hay alguien que me ama y piensa en mi.

Benditos: Aquellos jóvenes que no me griten "vejestorio"

Benditos: Todos aquellos que toquen la puerta de mi soledad y por mi cumpleaños me regalen una flor.

Benditos: Aquellos que comprenden el temblor de mi mano y mi camino cansado.

Benditos: Aquellos que hablen en voz alta para ahorrarme la humillación de mi sordera.

Bendito: Aquel que finge cortésmente de ignorar durante mis alimentos todo aquello que hago que molesto.

Benditos: Aquellos que me escuchen con paciencia cuando repito las mismas cosas o los recuerdos de mi lejana juventud.

Bendito: Aquel que me muestre afecto y respeto sobre todo bondad hacia mí, lo que hace pensar en la bondad de Dios.

Bendito: Aquel que evite las espinas de mi camino hacia la eternidad.

-
Mi ancianidad

Fui niño, que ardía en deseo de ser joven
Fui joven, con explosiones de vida abundante,
de ensueños y atrevidos proyectos.

Algunos realicé
otros quedaron defraudados.

En la vida,
no todo lo que se anhela se cumple
lo que se pueda cumplir, habrá que cumplirlo
con pulcritud, honestidad, amor.

Pasó la edad madura
de los apremios, de las derrotas,
las reconquistas y nuevos ensayos,
y llegó para mi la ancianidad
el peso de los años,
del recuerdo y de la conciencia de haber
quedado lejos del blanco marcado por Dios.

Pero no me pesa el ser anciano:
Viví mi vida, luché, amé,
y lo mejor de todo es que me quedó
la esperanza de que no todo acabará
en cenizas y polvo
y aunque haya perecido o
perezca mucho de lo que quise alcanzar,
continuará a vivir y a florecer en otra vida,
y en mi espíritu en senderos de eternidad.


© Red de Liturgia y Recursos de Educación Cristiana de CLAI-CELADEC

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