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24 de abril de 2009

Orden de culto para el domingo 8 de diciembre

Autor/es: Patricia Wilson

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Partes del orden de culto de hoy se han tomado (o adaptado) de "Sinfonía Ecuménica, Comunión con las iglesias del mundo"
, Consejo Ecuménico de las Iglesias (CEI), publicado por Gütersloher Verlagshaus, Gütersloh, 1998, y del Manual de Liturgia "Festejemos Juntos al Señor", CIEMAL, publicado por Ed. Aurora, Buenos Aires, 1989.

Los himnos se encuentran en los himnarios de la Iglesia Metodista, (anoto la primera estrofa y/o el coro para que puedan identificarlos mejor). Las alabanzas se anotan completas. Es recomendable que este culto sea dirigido por dos personas(guías),
para que se vayan alternando en las lecturas de las diferentes partes. También pueden distribuírse las lecturas bíblicas
para que sean leídas en los distintos momentos, o leerse directamente de la
Biblia, en forma antifonal.

Las iglesias que acostumbran tener Corona de Adviento, pueden encender la vela correspondiente a este día mientras se toca un Preludio.

Saludo y motivación:

Guía 1: Adviento significa llegar, significa la llegada del Salvador.
Cuántas veces el Salvador nos visita especialmente a través de aquellas personas de las que menos esperamos. Su llegada es siempre sorpresiva, inesperada.

Guía 2: El tiempo de adviento es un tiempo de introspección, de conversión, y un tiempo marcado para sentir la esperanza de un
tiempo mejor.
Preparémonos para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Invocación: (la escuchamos de pie)

Guía 1: Dios de los profetas, que en el desierto del Jordán enviaste a un mensajero para preparar los corazones de los seres
humanos para la venida de tu Hijo

Guía 2: Ayúdanos a oír las buenas nuevas, a cambiar de actitud y a estar listos para dar la bienvenida al Señor, nuestro Salvador
Jesucristo. Amén.

Himno : "Tú dejaste tu trono y corona por mí".

1. Tú dejaste tu trono y corona por mí
al venir a Belén a nacer
mas a tí no fue dado el entrar al mesón,
y en pesebre te hicieron nacer.
Coro: Ven a mi corazón, oh Cristo,
Pues en él hay lugar para ti.
Ven a mi corazón, oh Cristo, ven.
Pues en él hay lugar para ti.

Momento de confesión (sentados, escuchamos en actitud de oración):

Señor, gracias por poder estar aquí y por tener el tiempo suficiente.
Traemos con nostros y nosotras lo que nos ha tenido ocupados y ocupadas últimamente: lo que nos conmueve, lo que nos fuerza y alegría Pero también lo que nos precupa - nuestra culpa, que nos paraliza y tanto nos
separa de tí. En silencio te presentamos lo que ocupa nuestro pensamiento.

(Silencio)

Señor, por estar seguros y seguras de que no nos fallarás, Por eso estamos aquí y te pedimos:
Permanece cerca de nosotros y nosotras, para que podamos ver lo que nos aleja de tí y de los demás.
Danos la certeza de poder dirigirnos a tí cuando necesitamos ayuda.

(Silencio)

Señor, alzamos nuestra voz hacia tí.
Míranos con misericordia, y por tu amor,
Renueva un espíritu recto dentro de nosotros.
Que por Cristo lo pedimos. Amén.

Sentados, cantamos a modo de oración: "Renuévame, Señor"

Renuévame, Señor Jesús,
ya no quiero ser igual.
Renuévame, Señor Jesús,
Pon en mí tu corazón.
Porque todo lo que hay dentro de mí,
necesita ser cambiado, Señor.
Porque todo lo que hay dentro de mi corazón,
/ necesita más de ti. /

Perdón de pecados. Dice Dios: Aunque se muevan las montañas y se hundan las
colinas, mi bondad no los abandonará.
Confiando en el amor infinito de Dios y conforme a las enseñanzas de Jesucristo, somos perdonados. Dios nos libera de nuestras culpas. Estemos en paz. Amén.

Ofertorio

Lecturas Bíblicas:

Para este domingo, el leccionario nos trae las siguientes lecturas:
Isaías 40:1-5 y 9-11 el Salmo 84, 2 Pedro 3:8-14 y Marcos 1:1-8. Pueden
hacerse en forma antifonal con la congregación.

Después de las lecturas, cantamos: "La Palabra del Señor" :

La palabra del Señor no vuelve a El vacía,
Amén, amén.
Si nosotros calláramos las piedras clamarían.
Amén, amén.
Amén, amén, amén, amén.
Amén, amén, amén, amén.

Orientación para el Mensaje

Para el día de hoy, queremos enfatizar el sentido de esperanza y consolación que nos traen estas lecturas. Resalta el texto de Isaías, al inicio de la sección del DeuteroIsaias, con su lenguaje vibrante y poético y su promesa de restauración. Se deja ver la figura del Bautista como mensajero de alguien que ha de venir, como portador de una noticia que instaurará un
nuevo tiempo.
El salmista canta con gozoso porque confía en el Señor. Pedro asegura que no
es que el Señor tarde en cumplir su promesa, sino que tiene paciencia porque quiere que todos se salven. Y Marcos inicia su evangelio con "el principio de la buena noticia de Jesús el Mesías, El Hijo de Dios."

Todo es promesa, expectativa, esperanza, consuelo y restauración.

"Consolaos, consolaos pueblo mío. Hablen al corazón de Jerusalén.
Díganle que ha pagado su culpa ...." El peso de la culpa, propia o ajena, nos
abruma. Está en el fondo de nuestro corazón. Nos inmoviliza, nos paraliza,
nos impide seguir hacia delante. Estamos enojados. No nos sentimos capaces
de experimentar el perdón de Dios porque no nos hemos perdonado a nosotros mismos,
ni nos sentimos capaces de perdonar a aquellos que nos han agraviado.
Los tiempos que corren son difíciles en el orden global. Nos dan deseos de gritar "¡Basta!", no necesitamos más depresión, más desaliento o más enojo del
que ya tenemos.
En este contexto, las palabras de Isaías, ¿no son las que todos quisiéramos
escuchar? ¿No necesitamos, al igual que Israel, sentir nuevamente en el corazón la alegría del perdón? Dios quiere consolarnos,
perdonarnos, darnos una nueva oportunidad: como personas, como familias, como iglesia-
en-el-mundo. ¿No vino para eso el Señor Jesús, para traernos promesa de Vida
Abundante, promesa de consolación, de restauración?
¿No necesitamos restaurar también nuestras relaciones, sanar nuestras heridas, consolarnos mutuamente?
En tiempos de crisis como los que vivimos (personales, institucionales, sociales), el mensaje de Dios debe ser para su pueblo consuelo, ánimo, esperanza nueva.

Canto: "Tenemos esperanza"

Porque El entró en el mundo y en la historia
Porque quebró el silencio y la agonía,
Porque llenó la tierra de su gloria,
Porque fue luz en nuestra noche fría.
Porque El nació en un pesebre oscuro,
porque vivió sembrando amor y vida,
porque partió los corazones duros
y levantó las almas abatidas.
Coro: Por eso es que hoy tenemos esperanza,
por eso es que hoy luchamos con porfía,
por eso es que hoy miramos con confianza
el porvenir en esta tierra mía.
Por eso es que hoy tenemos esperanza,
por eso es que hoy luchamos con porfía,
por eso es que hoy miramos con confianza el porvenir.

Oración de despedida:

Se pide a la congregación salir de los bancos, y formar un circulo alrededor del templo, salón o capilla. Todos nos tomamos de las manos, y se invita a los hermanos y hermanas a expresar sus motivos de gratitud y de intercesión. Una vez expresados, el pastor/a, incorporado/a también al círculo, dirige desde ahí la oración, llamando a cada uno para que nos comprometamos a acompañar,
consolar, apoyar y animar a aquellos por quienes se ha pedido oración.

Bendición (se da en el mismo círculo. Puede ser la bendición sacerdotal que aparece en Números 6:24-26, pidiendo que cada uno sienta, al estar tomados de la mano, que está bendiciendo también a
su hermano/a).


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