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24 de abril de 2009

Los niños y la Eucaristía

Autor/es: Pedro Kalmbach

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Según la tradición más reciente que han heredado las iglesias del cristianismo occidental, la participación en la Eucaristía se hace posible a las personas solamente a partir de una determinada edad. Los principales argumentos que sostienen esta norma se basan en la idea de la necesidad de entender racional y conceptualmente lo que es la Cena del Señor antes de poder celebrarla. Sin embargo, existen hoy en diferentes iglesias, comunidades que están realizando experiencias de Eucaristía con niños. Consideramos que las razones que inducen y mueven a ello son dignas de ser tenidas en cuenta en el momento de pensar y discutir la práctica eucarística de la propia comunidad. Con la intención de promover y facilitar el diálogo y la reflexión sobre este tema, compartiremos, por un lado, argumentos que hablan a favor de la inclusión de niños en la comunidad eucarística; por el otro, señalaremos algunos aspectos que deben ser tenidos en cuenta en el momento de querer implementar experiencias de este tipo. Niños participan de la Eucaristía ¿Por qué no? Desde los primeros tiempos de la iglesia cristiana las personas eran admitidas a la Cena del Señor inmediatamente después de bautizadas. Esta práctica también se mantuvo cuando la mayoría de los bautismos pasaron a ser de niños (siglo 5 en adelante). Hasta el día de hoy en la iglesia oriental, después del bautismo los niños son recibidos e incluidos en la comunidad eucarística. En la iglesia occidental esta costumbre se mantuvo hasta el siglo 13 (4° Concilio Laterano, año 1215). A partir de entonces se estableció que la condición para participar de la comunión se refiere a una instrucción mínima, la cual presupone cierta capacidad cognitiva. La creencia es que antes de participar de la Eucaristía los niños deben alcanzar la madurez suficiente como para profesar conceptualmente su fe. Yendo a la Biblia no vamos a encontrar argumentos que hablen en contra de la participación de niños en la Cena del Señor. Es más, para Jesús los niños son tan capaces de recibir el Reino, que los coloca como ejemplo para sus discípulos: "De cierto os digo que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él." (Marcos 10, 15, ver también textos paralelos; Marcos 9,33-37 y paralelos; 11,25 y Lucas 10,21). Vale decir, para Jesús recibir el reino de Dios no depende de la capacidad cognitiva de la persona. Importantes son la fe, la apertura y la humildad. Y es precisamente de relaciones de amor y de mutuo respeto que se trata en una comunidad cristiana, antes que de conceptos dogmáticos y teóricos. Por otro lado debemos tener presente que es Jesús mismo quién invita a todos y a todas a paticipar de su mesa: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." (Mateo 11,28). Por lo tanto, la exclusión de niños de la mesa del Señor, que se basa en la creencia de la necesidad de cierta capacidad cognitiva, es cuestionable. Hoy en día se sabe que los niños son capaces de desarrollar una fe auténtica y genuina. Importante en ese proceso son las vivencias comunitarias e individuales, mucho más que las explicaciones teóricas y conceptuales. A pesar de ello, en muchas comunidades se insiste en que los más pequeños deben prestar atención en los cultos, los cuales están sobrecargados con palabras y explicaciones. Paralelamente a ello se les niega la participación en la Eucaristía, la cual tiene que ver con una vivencia central de la comunidad de fe que el niño es perfectamente capaz de asimilar. La propia celebración de la Eucaristía, en la medida en que expresa en forma auténtica cada una de sus dimensiones (la comunión, la reconciliación, la alabanza y el agradecimiento), se refiere a una experiencia que permite la vivencia de las mismas y por ende facilita su comprensión. Así por ejemplo, ofreciendo la comunión, el perdón, la reconciliación a través de una acción y no de explicaciones teóricas, la Eucaristía permite que éstos tomen cuerpo en la vida de cada participante. En este sentido, diversos autores han señalado la importancia que puede tener la participación en la Eucaristía para el desarrollo de la fe en los niños. Uno de los argumentos teológicos más fuertes que hablan a favor de la participación de los niños en la Eucaristía surge a partir del Bautismo. Considerando que con el Bautismo la persona es incorporada al Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia (1°Corintios 12,12-13; Gálatas 3,27) y que a través del mismo participa de su muerte y resurrección (Romanos 6,4, Colosenses 2,12), cualquier persona bautizada debería ser admitida a la mesa del Señor. Siendo la Eucaristía la cena de la comunidad de fe, de la familia de Dios a la cual ingresamos por el Bautismo, se hace difícil justificar la exclusión de la misma de los niños bautizados. Durante varios siglos la Iglesia fue consecuente con ello al incluir a todas las personas bautizadas en la comunidad eucarística. En este sentido podemos preguntarnos si las iglesias que hoy en día excluyen a los niños bautizados de la comunión, no han caído en una grave contradicción y si están aceptando o no las consecuencias del Bautismo en su total radicalidad. Desde la propia forma de entender a la comunidad cristiana no como un conjunto de individuos, sino como una comunidad de hermanos y de hermanas en la fe, es decir como familia de Dios, se hace problemático excluir a los niños de la comunión de mesa. Familia y comunión se refieren a inclusión y a participación. Aspectos a tener en cuenta al pensar en la admisión de niños a la Eucaristía En primer lugar cabe señalar que el hecho de adelantar la edad de la comunión no debe surgir como una estrategia para reavivar la vida comunitaria. En congregaciones donde históricamente los niños han sido excluidos de la Eucaristía, este tema debe ser trabajado y dialogado ampliamente con todos los sectores. Al tratarse de la celebración de la Eucaristía, la reflexión y el diálogo deberían girar en torno a la propia praxis cúltica y a la forma de entender la comunidad cristiana. Vale decir, es necesario preguntarse cómo la congregación entiende el hecho de ser una comunidad cristiana, cómo entiende y qué es lo que quiere con los cultos y cómo celebra la Eucaristía. A partir de ahí puede pensarse en una acción que busque incluir a los niños en la comunión. Esta acción debería contemplar lo siguiente: 1. Que en la celebración de la Eucaristía deben ser resaltadados y deben encontrar formas concretas de expresión: la comunión, el agradecimiento, la alabanza, la reconciliación y la solidaridad. Esto implica obviamente una revisión de la propia comprensión y práctica eucarística. 2. Para que los niños puedan entender y sentir la celebración eucarística como suya, es necesario que la misma respete su nivel de comprensión y madurez. Ello no significa infantilizar la celebración. Se trata de buscar formas litúrgicas que trabajen a partir de símbolos, de gestos y acciones, y de incluir a los propios niños con tareas específicas. Esta propuesta cuestiona el elevado valor que se le da comúnmente a la expresión verbal y conceptual en los cultos. 3. Que para el desarrollo de la fe de una persona la experiencia comunitaria suele ejercer un rol sumamente importante. En este sentido son los propios padres, otros adultos afectivamente cercanos o el grupo de pares que influyen en la religiosidad de los niños. Por ello es recomendable que los niños participen de la comunión acompañados por alguna persona de referencia o bien por el propio grupo del culto infantil o escuela dominical. Vale recordar que la comunidad debería ser la nueva familia como lo expresara Jesús (Marcos 3,31-35 y paralelos). 4. Que si se establece una edad ideal a partir de la cual los niños pueden participar de la Eucaristía, se volvería a argumentar con criterios que se basan en la capacidad cognitiva de la persona. La participación debería depender de la propia congregación y de la forma como ella entiende el hecho de ser una comunidad cristiana. Una propuesta de acción para la celebración de la Cena del Señor en forma inclusiva podría estructurarse a partir de la celebración de cultos familiares. Vale decir, cultos celebrados en forma inclusiva, donde toda la comunidad (personas ancianas, adultas, jóvenes, menores) encuentre una forma de expresión y participación. Resta a cada comunidad ver, en función de su contexto y de sus posibilidades, la forma concreta y la regularidad en que irá a implementar estos cultos. En caso de que fuera necesario esta es la bibliografía utilizada: BÉRAUDY, Von R. Die christliche Initiation. In: Martimort, Aimé- Georges (Hsg). Handbuch der Liturgiewissenschaft II. Die übrigen Sakramente und die Sakramentalien. Die Heiligung der Zeit. Freiburg, Basel, Wien : Herder, 1965, pgs. 45-84. CELEBRAÇÃO DA SANTA CEIA COM NOSSAS CRIANÇAS. (Documento elaborado por la comisión Teológica de la IECLB a partir de su XVII Concílio Geral y emitido por el XVIII Concílio Geral) DEGEN, Roland. Kinder zum Abendmahl? Pädagogisch-katechetische Anmerkungen. In: Idem. Im Leben glauben lernen. Beiträge zur Gemeinde- und Religionspädagogik. Münster; New York; Berlin : Waxmann, 2000, pgs. 90-98. HOCH, Lothar. Celebração da Santa Ceia com crianças. In: Estudos Teológicos, 2:163-169, 1987. SCHRÖER, Hennig. Abendmahl und Taufe. Ein neues Problem in Sicht. In: Pastoraltheologie. Göttingen, 72: 132-143, 1983. STEIN, Albert. Die christliche Gemeinde und ihre geistigbehinderten Glieder. WPKuG (Pastoraltheologie.). Göttingen, 62: 242-251, 1973. VÖLKER, Alexander. Für euch gegeben. WPKuG ( Pastoraltheologie.). Göttingen, 69:479-487, 1980. WHITE, James. Sacraments as God’s self giving. Nashville : Abingdon Press, 1983, pgs. 64-67, 100.
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niños, comunidad, es, eucaristía, comunión

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