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Autor/es: Fabian Paré
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 Domingo de Ramos. Liturgia de las palmas (ciclo C)
Dios entre las estructuras humanas
«Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras» Lucas 19,28-40
Dios interviene en la realidad humana con un propósito muy claro: transformar las estructuras de muerte que construimos en nuestra convivencia. La pregunta que nos desafÃa es ¿Cuál es la raÃz de estas estructuras ‘mortalesÂ’?, porque los sÃntomas están a la vista, pobreza, hambre, desnutrición, falta de equidad en la distribución de las riquezas, y se pueden seguir enumerando una cantidad de ‘sÃntomasÂ’ que nos indican que las estructuras de convivencia social padecen una enfermedad cuya raÃz es difÃcil de hacerla visible y comprensible. EstarÃamos tratando de hacer comprensible el origen del ‘malÂ’, del ‘pecadoÂ’, y a su poder y alcance. Y el primer engaño en el que uno puede caer es creer que podemos estar fuera de su alcance. El dominio del mal tiene soberanÃa sobre nuestras cortas existencias, y su principal eficacia en nosotros está en confundir nuestra conciencia haciéndonos incapaces de comprender de qué manera colaboramos con sus propósitos. Toda enfermedad cuya raÃz desconocemos domina nuestro organismo con el propósito de matarlo; una estructura social enferma, domina su organismo (la convivencia social), hasta llevarlo poco a poco a la muerte. Basta con mirar a este mundo, su historia y su actualidad para ver que el ser humano se destruye a sà mismo, y a su medio ambiente.
Es en esta estructura social enferma donde Dios interviene, y donde su intervención no busca eliminar lo que no coincida con sus intereses (como sà lo hace el mal), Dios procura que la humanidad no siga volcándose a un autismo donde cada vez es menos capaz de escucharse y comprenderse. Es que sin escucharse y sin comprenderse solo le espera la muerte. Y aquà ya tenemos pistas de la raÃz de nuestra enfermedad social: la sordera y la falta de atención. ¿Cuántos problemas de relacionamiento se van solucionando en la medida que surge la predisposición a escucharse y comprender los motivos problemáticos? De igual manera podrÃamos afirmar que nuestro ‘estadoÂ’ social podrÃa solucionar una cantidad de malestares y situaciones agonizantes del pueblo, tan solo con atenderlas con seriedad (no solo con interés de formar una clientela polÃtica), y con e scuchar para comprender, comprender la necesidad del otro/a, no para que los necesitados ‘comprendanÂ’ que para vivir sin que te falte dinero hay que ser corruptos.
La gran tarea pendiente en nuestra sociedad es focalizar la atención común en las necesidades de todos, y asumir estas necesidades como propias. Esto nos llevará a comprender que si robamos o hurtamos al vecino o al estado, estamos colaborando en un malestar común que nos lleva a la muerte a todos. O si mantenemos privilegios para algunos, la mayorÃa no privilegiada perderá cada vez más los modales en el trato, y de esta manera se incrementará más y más una violencia que se manifiesta en cada acto delictivo protagonizado por ricos y/o por pobres. Junto a la violencia se incrementa una sordera y un autismo que nos aleja cada vez más de aquel sentimiento de unidad y hermandad que nos unirÃa a Dios mismo. ¿Cómo hace Dios para enfrentar esa violencia, sordera y autismo de este mundo? Pues vuelve a ingresar en ‘nuestras ciudadesÂ’ brindánd onos su amor y dándonos conciencia sobre la raÃz de los males, y muchos/as escuchan como discÃpulos/as, cuyas voces se oyen gritar ‘¡Bendito el que viene en nombre del Señor!Â’ Cf. Lc 19,37-38. Pero también hay muchas voces que dicen ‘reprende a tus discÃpulos/asÂ’ Cf. Lc 19, 39. Muchos no quieren oÃr, menos comprender y menos aun cambiar.
La entrada de Jesús a Jerusalén nos anticipa que la conducta autista de los que manejan el poder, decidirá no cambiar, y en consecuencia, junto a los súbditos de una estructura social enferma, cumplirán el cometido del mal, que es eliminar todo lo que no coincida con sus intereses. Esto se verá reflejado en el recorrido de la pasión de Cristo y su máxima expresión en la Cruz. Y la enferma estructura social se convencerÃa de que es imposible cambiar el destino de muerte que nos espera a todos, viendo a Cristo crucificado se convencerán que no importa a pesar de qué o de quién, se esforzarán de esperar esa muerte más cómodos que otros, sin importar los costos que tenga esa ‘comodidadÂ’.
Una humanidad desenfocada de los propósitos de Dios en Cristo, especula sus ‘autistasÂ’ intereses que intentan silenciar la voz de los discÃpulos/as para que no haya lugar a conciencia y comprensión, y mucho menos cambios en aquellos privilegios conseguidos con perversos mecanismos. En esta semana santa Dios puede traer sorpresas imaginables...
Fabián Paré.
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