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24 de abril de 2009

La Biblia del estante

Autor/es: Patricia Wilson

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Dentro de las contradicciones que se viven en el mundo religioso
familiar, está el espacio físico que la Biblia ocupa en la casa.
¿Dónde la guardamos? A lo mejor, si la Biblia es grande, con bonito
empaste y letras doradas, adornará un estante de la sala o el estar,
donde su presencia ponga un toque religioso en el ambiente. Si es una
biblia pequeña, tal vez recibida como obsequio en alguna ocasión
especial, puede que esté entre los libros y cuadernos que nos
acompañaron durante nuestros años de colegio. O tal vez se tenga
guardada entre los recuerdos queridos heredados de padres o abuelos.
En cualquiera de los casos, no es un libro que se lea. Está ahí
solamente para ser visto.
El problema es que un libro que no se lee, es un libro muerto. No
sabemos lo que contiene, o tenemos una vaga idea de ello; tampoco
sabemos el propósito que tuvo el autor al escribirlo, ni sabemos a
qué público estaba destinada la obra. Sólo conocemos sus tapas. Su
mensaje es desconocido.
¿Qué hace de la Biblia un libro vivo? ¿Qué la convierte en "Palabra
de Dios" para nosotros? Simplemente, abrirla, leerla, "escudriñarla"
como ella misma nos dice. Es decir, hacerle preguntas. Preguntas
relacionadas con la vida, con la muerte, con el amor y la justicia,
con la fe, con la esperanza. Preguntas relacionadas con nuestras
dudas, con el sentido de nuestros dolores y alegrías, en una relación
profunda y dinámica con un Dios que espera que algún día sus hijos
aprendan a conocerle y amarle, como El nos ama y nos conoce.
Sólo en ese caso la Biblia cobrará vida para nosotros. Se convertirá
en "Palabra de Dios" para nosotros, no en el sentido de dogma rígido
y arcaico, sino de guía espiritual, de "luz en el camino" como dice
el salmista. Y la sustancia misma del carácter se irá moldeando a
medida que las respuestas que allí encontramos se vayan acumulando en
el corazón y nos ayuden a aumentar el conocimiento, a
adquirir "inteligencia y sabiduría" y a tratar de vivir de acuerdo a
los propósitos de Dios.
Una biblia en un estante nos habla de una "cultura religiosa" que
puede o no tener que ver con la fe. Pero si la sacamos de allí y
comenzamos a indagar en su contenido y propósito, la haremos cobrar
vida para nosotros, y sus palabras enriquecerán nuestra fe en todo
tiempo y circunstancia.

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