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Autor/es: Rocìo Soledad Sayas Ramire
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Producto de un taller de Evangelización y Liturgia de CLAI, llevado a cabo en agosto del 98 en Asunción, Paraguay. donde el tema fue: Buscando parábolas, construyendo comunidad compartimos una de las parábolas que se produjeron.
¿Cómo he de volar?
Soy un ave que disfruto del viento, del sol y de con mis pares al
amanecer. ¿Querés que te cuente lo que me pasó una tarde?
No sé si fue una rama o un cable, pero .... volando descuidadamente
choqué contra algo y ... lo que recuerdo es que me vi ya en el suelo
con un ala sangrando.
Se acercó un humano de manos tibias , era un niñito que me dijo: "Te
voy a poner en esta jaula porque asÃ, herida, no vas a poder volar"
Pasé dÃas y dÃas mientras mi ala se recuperaba, una vida muy cómoda
por cierto, no me faltaba comida, no necesitaba refugiarme de la
lluvia, incluso oÃa a mis amigos trinar cerca mÃo y me unÃa al
jolgorio pero con un canto lastimero; casi un sollozo, porque ardÃa
de ganas de poder estar allà afuera volando como ellas.
Hasta que una mañana (por alguna razón que nunca supe) la puerta de
la jaula quedó abierta, y fue el canto de algún ave pasajera que me
motivó a salir y surcar el cielo.
En tres saltitos llegué al borde de la puertita y ahà miré hacia
abajo: estaba muy alto y me invadió el temor de pensar que puede
haber perdido la capacidad de volar. Entonces fue cuando dudé de
aquello que sentÃa que era lo más anhelado por tanto tiempo: ¡volar!
Sentà en ese momento que la vida en la jaula se me habÃa hecho tan
cómoda sin tener que buscar alimentos ni pasar frÃo, por lo que me
cuestionaba todo el sacrificio que implica vivir afuera, amén del
miedo de caer en el vacÃo y estrellarme contra el piso. Me invadÃan
las dudas y los temores aunque oÃa el llamado de mis amigos y los
veÃa saltar de rama en rama. Era entonces cuando me daba cuenta de
cuán infeliz era en el encierro.
TodavÃa busco la razón que me llevó a cerrar los ojos y lanzarme, por
lo que los siguientes dos segundos fueron interminables. Mientras me
sentÃa caer por inercia. hasta que luego percibà que me remontaba y
al abrir los ojos ¡ya estaba volando!
Percibà distintos momentos. Al principio un ¡uf! Me salvé!, luego
caramba, era realmente bueno volar, y al final miles de volteretas y
saltos de rama en rama como los demás.
Es cierto, tengo que buscar dÃa a dÃa mi alimento y huir de la lluvia
y el frÃo, pero nadie puede privarme del gusto de cruzar los cielos
con el corazón rebosante de alegrÃa.
RocÃo Soledad Sayas RamÃrez
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