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13 de mayo de 2009

Comentario Juan 15, 1-8

Autor/es: Fabian Paré

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 Ser propicios a dar fruto

«…pues separados de mí nada podéis hacer.» Juan 15, 1-8

Uno de los acentos del evangelio de hoy está en la ‘permanencia’. El evento de Cristo en medio nuestro nos convoca, nos involucra, y en el caminar dentro de este ‘testimonio’ permanente de compromiso cristiano, en muchas oportunidades, decaemos o flaqueamos en nuestra fidelidad y permanencia. Son esperables estas etapas de decaimiento o flaqueza, donde los desánimos y problemas afectan a la debilidad de la fe, y también es esperable que los fortalecidos en la fe sostengan a los debilitados. Estamos hablando de un grupo de personas que se han visto involucrados/as en el testimonio de Cristo, y es importante reflexionar lo que ello implica.

Dar testimonio de Cristo es equivalente a dar testimonio de la verdad y justicia, del amor y paz de Dios, ser herramientas para que su salvación (salud, libertad), se expanda hasta todos los lugares donde Él quiera que llegue. En vano es repetir, y promover que se repita, que Cristo es mí Señor, o nuestro Señor, si al hacerlo sostenemos relaciones mentirosas y corruptas, y si el amor y paz son condicionales y de provecho para un grupo selecto en perjuicio de otros, obstruyendo de esta manera la salvación de Dios. Muchas veces ocurre que el impulso del fervor cristiano entusiasma a personas con ‘capacidades de liderazgo’ (como se suele mencionar), y en el tiempo se nota sobrevenir decaimiento y flaqueza en la fidelidad a Cristo, por complicidad en mentiras o verdades a medias, o por satisfacción en los beneficios personales de determinadas relaciones, lo que repercute en los ‘seguido res’ de distinta manera, por ejemplo unos se retiran y otros cierran sus ojos y conciencia ante la voluntad del ‘líder’. De modo que a veces en las instituciones perduran los caprichosos intereses de ‘algunos líderes’, sin la necesidad de la permanencia en Cristo. Esto nos hace pensar que hay cristianos/as dentro y fuera de las instituciones humanas, y la Iglesia es una institución humana; así como también hay ‘líderes’ que prescinden de la permanencia en Cristo, en cualquier institución humana.

Tal vez haya oportunidades en que se nos confundan las secuencias de aquello que nos hace discípulos de Cristo. Suele creerse que al aceptar públicamente a Cristo, somos como sellados/as-aceptados/as por Dios y a partir de ese momento el Espíritu Santo comienza a obrar en nosotros, y que desde ese momento nuestra vida cambia, deja de ser la que era y pasa a ser una vida nueva. Esta secuencia no encaja en el relato de hoy. El acento no está en lo que pasa en nuestra vida, sino en el fruto de Cristo en medio de este mundo. La vid que es Cristo, unida a cada pámpano, que es el/la cristiano/a, produce fruto (Jn 15,4), y cuando se da mucho fruto se evidencia el ser discípulos (Jn 15,8). Es decir, no hay que aceptar a Cristo para dar frutos, sino que, es dando muchos frutos que uno demuestra ser de Cristo. Las palabras son engañosas, lo que da testimonio son los frutos; recordarán aquella expresi&oa cute;n de Jesús: ‘por sus frutos los conoceréis’ (Mt 7,16). De esto puede leerse que en los lugares donde se ‘dice’ que se practica la fidelidad a Cristo o a la verdad y justicia, -en cualquier institución humana- y con el correr del tiempo no hay frutos de salud, libertad, paz, amor verdad y justicia en su entorno, no es más que un pámpano que será cortado y se secará… y será arrojado al fuego… y arderá (Jn 15,6).

Es importante no circunscribir la significación de este o cualquier relato bíblico a la institución Iglesia, el Dios que habla a través de ella no es solamente Dios de los cristianos/as, lo es de todo el universo. De modo que no solo está diciendo algo a nuestras vidas, está siempre diciendo algo a nuestra Iglesia, a nuestros municipios, provincias, naciones, a todos lo que circunstancialmente ocupan lugares de autoridad desde el/la presidente hasta la más pequeña familia de la sociedad, y a cada ciudadano/a que es parte del pueblo. La permanencia en Cristo se va demostrando cuando sentimos la necesidad de una libertad en común, de una verdad y justicia imparcial, de la salubridad en la población y su convivencia. Y nos convertimos en un pámpano que será cortado en la medida que nos abandonemos a los beneficios y privilegios personales olvidando la necesidad de salv ación que tiene nuestro entorno con quienes tenemos responsabilidades. Observemos si hemos producido algún fruto hasta ahora y si estaríamos dispuestos/as a producir muchos en adelante.

Fabián Paré
 

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cristo, es, ser, dios, frutos

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