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18 de julio de 2009

Comentario homilético

Autor/es: Fabian Paré

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Responsabilidades olvidadas

 

«…eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.»

Marcos 6, 30-34.53-56

 

Las ovejas dependen mucho del cuidado del que las pastorea, eso hace del rol del que ‘pastorea’, un rol de cuidador, protector, responsable.  En nuestra sociedad se ha desfigurado mucho ese rol, y no se trata solo de ‘pastores religiosos’, sino de todos/as aquellos/as que por el rol que asume en la sociedad, debe ejercer un cuidado y protección con responsabilidad, sea un rol de abogado, médico, economista, contador, político partidario, etc., etc.  Un abogado, médico, educador, etc. debe cuidar al pueblo; y no aprovecharse de su rol solo para sacar un provecho propio, sin importar las consecuencias que sobrevenga en aquellos/as sobre los que ejerce ese cuidado.  Ni hablar de lo que deberían de hacer aquellos políticos partidarios, que mientras crece la pobreza y violencia en los que deberían cuidar, ellos/as multiplican sus bienes volviéndose cada año más ricos.  Las ‘ovejas sin pastor’ no se refiere solamente a los feligreses que han sido descuidados por la parcialidad de los/as pastores/as -que pretenden dirimir el bien y el mal desde su convencimiento de ser ‘los buenos’-; más que nada se refiere a un pueblo que ha sido ‘descuidado’ por los que deberían cuidarlo y protegerlo.

 

Jesús, la voluntad de Dios entre nosotros/as, no se compadece solo del grupo religioso que ha sido descuidado, se compadece de un pueblo que se encuentra desprotegido y expuesto a enfermedades, corrupción, injusticia, violencia, y toda clase de adversidades que les impide vivir con dignidad y en paz.  Al compadecerse, ‘enseña por largo rato’ (Mc 6,34).  Son dos elementos que caracterizarán al discipulado de Cristo en el mundo: compadecerse y enseñar.  Enseñar desde la compasión no es igual a enseñar desde la soberbia y lujuria, las consecuencias son muy disímiles.  La compasión tiene un constante interés en salvaguardar la integridad de los que comparten la enseñanza; mientras que la soberbia solo pretenderá sometimiento sin importar los ‘costos’.  Tal vez esto nos sea útil para distinguir la conducta de aquellos/as que ejercen algún rol de responsabilidad para con otros/as, un grupo se caracteriza por su ‘liderazgo’ y el otro por entrelazarse con las necesidades del pueblo, este último sigue el ejemplo de Cristo.

 

Es importante tener en cuenta que la tarea del discipulado debe estar caracterizada por la compasión y su consecuente enseñanza (con palabras y sobre todo con acciones), el juicio es algo que compete solo a Dios (Jeremías 23, 1-6).  Es decir que las pretensiones del discipulado no deben ir más allá de aprehender e imitar a su maestro (Cristo), esa es la tarea a la que ha sido llamado.  Si Jesús es el modelo de pastor, el modelo de la manera en que hay que cuidar al pueblo, su discipulado es el que sigue ese modelo y no deja prevalecer su soberbia, mientras que sostienen su soberbia solo presentan resistencias a Cristo.  Cualquier pretensión de juzgar, es semejante a una pretensión de ser Dios (acto soberbio por excelencia).  Cultivar la compasión es la responsabilidad de los/as que deben proteger y cuidar al pueblo.  Las preguntas que nos pueden surgir son las siguientes: Si los que deberían proteger al pueblo no lo hacen, ¿Qué le espera al pueblo en su presente, y sobre todo en su futuro?, ¿Qué pasa cuando los que dicen ser discípulos/as de Cristo no pueden dominar la soberbia que los controla?, ¿Qué pasa cuando el pueblo pierde la confianza como consecuencia de tantas mentiras?, ¿Qué pasa cuando el pueblo en lugar de buscar la verdad, se conforma con la mentira más aceptada?, ¿Qué pasa con los que tienen responsabilidades y están condicionados/as por el poder de turno?, ¿Qué sucede cuando la paciencia se acaba?; pues, es el momento de darnos cuenta que estamos ‘como ovejas sin pastor’. 

 

Sentirnos como ‘ovejas sin pastor’, significa sentir que los que deberían protegernos no lo hacen, que los que deberían cuidarnos se dedican a cuidar sus ‘pertenencias’ y negocios, confundiendo lo que es de todos con lo suyo; también significa haber perdido la confianza por mentiras o verdades a medias; significa también no tener a quién recurrir, porque todo lo que digas o hagas puede ser usado en tu contra.

 

Hoy existe un desafío muy grande para aquellos/as que pretendan ejercer un rol de cuidado y protección para la población (en el espacio socio-político-económico-religioso), y se trata de recuperar la confianza y cultivar la compasión, para dar testimonio de que Dios está entre nosotros/as.

 

Fabián Paré.

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