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24 de abril de 2009

Algunas tensiones psicológicas a las que suele estar sometido el pastor

Autor/es: Jorge León

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"El Señor nos desafía a que seamos plenamente humanos como El es plenamente Dios (Mateo 5:48). Conocemos las tensiones internas que San Pablo nos confiesa en Romanos 7. Sabemos que él marchó hacia la meta de alcanzar el hombre acabado, según el modelo de Jesucristo (Filipenses 3:12-14, Efesios 4:13-14, etc.). Sabemos que Pablo, en su última epístola reconoce que ha terminado su carrera, y que sólo le falta recibir la corona que le dará el Señor (II Timoteo 4:6-8)"

Lo que San Pablo nos presenta a nivel de testimonio personal, también lo plantea en sus pautas pastorales a las congregaciones a las que dirigió sus cartas. A los Romanos les dice que no deben conformarse al presente siglo, sino ser transformados. El verbo griego en Romanos 12:2 es metamorfóo de donde viene metamorfosis, es decir, la transformación de un ser inferior en otro superior, por ejemplo, un renacuajo en una rana. Pero no se trata de una metamorfosis cualquiera, el modelo según el cual debe transformarse el cristiano no es otro que Jesucristo. Así lo enseña San Pablo en II Corintios 3:18.

Romanos fue la epístola que causó un gran impacto entre los cristianos del siglo XVI, el de la Reforma, que enfatizó la justificación por la fe en Jesucristo. Pienso, deseo y oro al Señor porque Efesios, la epístola de la unidad de la Iglesia, cause un gran impacto en el pensamiento teológico pastoral de los cristianos del siglo que se nos aproxima, que dará comienzo al tercer milenio.

Tanto en Romanos como en Efesios Pablo presenta tensiones en la reflexión teológica con relación a la salvación personal. San Pablo enfatiza el carácter puntual de la justificación. "Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Rom. 5:1). También nos dice: "Por consiguiente, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Romanos 8:1). En la misma epístola, que está dirigida a creyentes, al referirse a la excelencia del amor, el cual no hace mal al prójimo, nos asombra con la siguiente afirmación: "..porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos" (Romanos 13:11). La certeza de nuestra salvación personal, en cuanto al destino eterno de nuestras almas, "ya la tenemos" por nuestra fe inquebrantable en Jesucristo. Pero "todavía nos falta algo" por alcanzar en otros aspectos de la salvación en nuestro aquí y nuestro ahora.

La misma tensión entre el "ya lo tengo" y el "todavía me falta" la encontramos en la enseñanza de Pablo sobre la redención, en Efesios. En 1:7 leemos: "En El tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia". Se trata de un presente griego, lo tenemos y lo seguimos teniendo. Pero en 4:30 aparece la antítesis: "Y no entristezcais al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuistes sellados para el dia de la redención". Podemos concluir que en Efesios 1:7 San Pablo se refiere a la dimensión vertical, lo hace explícitamente cuando dice: "Tenemos el perdón de nuestros pecados". Por el contrario, en 4:30 se enfatiza la dimensión horizontal, es decir, nuestra vida en este mundo. Mientras exista algo que nos impida ser plenamente libres en Cristo, la redención cristiana no ha sido consumada todavía.

Las tensiones de la vida y de las enseñanzas de San Pablo son similares, aunque en contextos diferentes, a las que experimentamos los pastores de hoy. Aunque Pablo no pudo hablar de psicología, porque en su tiempo no existía, como la conocemos hoy, presenta sus tensiones psicológicas en Romanos 7.

¿A qué tensiones psicológicas está sometido el pastor?

Las tensiones psicológicas a las que está sometido el pastor no son más que síntomas. Así como la fiebre no es la enfermedad sino una señal de que algo anda mal en el organismo, los síntomas psicológicos dan cuenta de que existen trastornos en la personalidad. Un conjunto de síntomas entrelazados entre si, constituyen un síndrome.

El síndrome de Listra

El capítulo 14 del libro de los Hechos de los Apóstoles da cuenta de las fantasías que sienten algunos creyentes con relación a la personalidad de sus guías espirituales. Como en Listra muchos creyentes tienen, en la actualidad, la tendencia a endiosar a sus pastores. Hoy como ayer se suele reaccionar con agresividad cuando el pastor no se deja endiosar. Para algunos creyentes el pastor no tiene espacio para ser humano. Si no es Dios, entonces es Satanás y merece ser lapidado.

Lamentablemente, muchos siervos de Dios son muy frágiles ante el halago y frecuentemente se prestan como "perchas" para que los feligreses cuelguen el ropaje de sus fantasías en ellos. La explicación psicológica de este fenómeno es que dichos feligreses producen una identificación proyectiva con el pastor. Ellos padecen la ilusión de que él (o ella) es un ser humano perfecto, casi divino. Porque creen que él es lo que ellos desearían ser, lo idealizan y lo levantan como en la fábula del águila y la tortuga. El pastor que cae en esta tentación, como en la fábula, llega a creer que sabe y puede volar. La catástrofe se produce cuando la congregación lo deja caer.

Parecería que lo que acabo de decir está en contradicción con la afirmación siguiente: No existen más tensiones psicológicas en el pastor que las que él mismo genera. Estoy convencido de que las tensiones pastorales parten del mismo pastor, aunque pueden ser alimentadas por la congregación. Ciertamente, hoy no se apedrea en lo real a un pastor por no dejarse endiosar, pero hay formas imaginarias y simbólicas de hacerlo. Es posible lastimar la vida espiritual y la salud mental sin dañar el cuerpo. Pero nadie puede lastimar a un cristiano si éste no se deja seducir por sus propios deseos de grandeza y de poder. Las influencias del mundo externo sobre el pastor no ejercerían influencia alguna sobre él si en su mundo interno no estuviera el deseo de ser endiosado. La salud espiritual y mental de Pablo y de Bernabé se expresó en la afirmación de su humanidad: "Varones, ¿por qué hacéis estas cosas? Nosotros también somos hombres como vosotros, y os anunciamos el evangelio para que os volváis de estas cosas vanas a un Dios vivo....".

El síndrome de Listra tiene muchos síntomas. No podemos analizar a cada uno de ellos, pero lo haremos con algunos. Me voy a referir a la transferencia, tanto en su faz positiva, donde priva el amor, como en la negativa, donde reina la agresividad. También me referiré a una cuestión muy importante: El manejo del poder en la Iglesia. Tanto en Listra como en nuestros tiempos existe la tentación de amar el poder humano en lugar de entregarse al poder del Espíritu Santo.

La transferencia

La tendencia a amar es una fuerza natural, producto de nuestra condición de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27). Pero esa tendencia, por causa de la caída, debe ser controlada y orientada hacia el bien, hacia lo creativo, según la intención original del Dios Creador. De no ser así, se dirigiría hacia la destrucción y la muerte. Esto se debe a que, además de la imagen de Dios, en cada ser humano se expresa también el pecado.

Se denomina transferencia al desplazamiento afectivo de un sujeto a otro. Dicho de otra manera, se trata del tipo especial de acercamiento a una persona con sentimientos de atracción o rechazo, como si fuera alguien amado u odiado, porque recuerda a alguien que en el pasado significó algo para el sujeto en cuestión: es decir, tratar a alguien ajeno, del mundo externo, como si fuere un personaje íntimo, como si fuere alguien que pertenece al mundo interno del sujeto.

La transferencia es básicamente transferencia de amor o de odio, de aceptación o de rechazo, de deseos de vida o de deseos de muerte. El odio es la otra cara del amor. Sólo se puede odiar a quien se ama. Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Se denomina transferencia positiva aquella donde prevalece el amor y negativa aquélla donde prevalece la agresividad o el odio.

La transferencia es universal, nadie se le escapa, aunque uno no se dé cuenta de su presencia en nuestras vidas. Aunque no le llamemos por ese nombre, nos habita. Jacques Lacan ha escrito: "En cuanto hay, en algún lugar, el sujeto que se supone saber, hay transferencia". (1). Aunque el pastor no sepa mucho, la congregación suele atribuirle un gran saber cuando tiene una buena relación con él. Pero puede ocurrir lo contrario, que el pastor realmente sepa mucho, y que se lo trate como si fuera un ignorante. La transferencia puede expresarse tanto en el amor como en el odio. De ahí, la importancia de que el pastor esté bien informado sobre estos fenómenos del psiquismo, para mejorar su trabajo pastoral y para no sentirse agredido cuando no lo agreden.

Ventajas y desventajas de la transferencia positiva

La transferencia positiva es una herramienta que puede ser bien o mal usada. El hecho de que pueda ser mal usada, no prueba que no haya sido creada por nuestro Dios. Nuestras manos también pueden ser bien o mal usadas. Con ellas podemos acariciar a una persona, pero con ellas también podemos estrangularla. El amor y el odio pueden servirse de nuestras manos, pero nadie se atrevería a afirmar que las manos no fueron creadas por Dios. El argumento es válido también para la transferencia.

El pastor que tiene carisma, que es un hombre consagrado al Señor, que sabe, generará transferencias masivas dentro de su feligresía. Esto es un fenómeno natural cuya existencia y posibles manifestaciones debe ser conocido y bien utilizado por todo pastor. La transferencia tiene sus ventajas, pero también grandes desventajas.

La mayor ventaja de la transferencia reside en su procedencia divina. Si la transferencia es natural en un ser que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, es porque Dios mismo la ha colocado en él. Por eso, en determinadas condiciones, un sujeto humano puede atraer a otros para bien o para mal. Esto lo vemos con claridad en la sociedad en que vivimos. Por lo tanto, el pastor puede ser un polo positivo de aglutinamiento para la gloria de Dios, si es fiel al Señor, y resiste la tentación a caer en la idolatría, es decir, a actuar como si fuere un ser superior, un semidios.

Otra definición lacaniana es la siguiente: "La transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente"(2). Se entiende que se refiere a lo inconsciente en cuanto a actitud amorosa. En este sentido puede ser muy desventajosa para el pastor si éste no toma las precauciones del caso. Para ilustrar el peligro que puede implicar la transferencia amorosa para el pastor basta citar a Freud, quien advierte de la siguiente manera: "El psicoanalista sabe que trabaja con las fuerzas más explosivas, y que le hacen falta la misma cautela y escrupulosidad del químico". (3). Esto no quiere decir que en el asesoramiento pastoral no se deba atender a los feligreses que padezcan perturbaciones en su sexualidad. Sólo quiere decir que, en estos casos, el pastor debe tener un cuidado y una escrupulosidad similar a la del químico cuando trabaja en su laboratorio con explosivos. Por otro lado, el pastor no debe creerse un "galán" cuando se presente un supuesto enamoramiento, porque él no es más que una pantalla donde se proyecta la película que la otra persona tiene adentro. Para mostrar esta realidad, Lacan toma prestada la pluma humorística de Spitz y nos dice: "Toma el ejemplo de una de sus pacientes, que, en uno de esos sueños llamados de tranferencia o sea, de realización amorosa con su analista, Spitz en este caso lo ve dotado de una cabellera tan abundante como rubia. Esto, a cualquiera que haya oteado el cráneo pulido del personaje, y es bastante conocido para ser célebre, le parecerá un caso en que el analista podrá mostrar fácilmente al sujeto las distorsiones a que le ha conducido los efectos del inconsciente". (4).

El pastor debe recordar que la transferencia se manifiesta hacia la función y no hacia el funcionario. Es con el pastor y no con fulano de tal. El pastor debe ubicarse como persona y no como personaje, debe tener bien claro que si él sólo fuere un miembro de la congregación la transferencia se produciría, pero no con él, sino con la persona reconocida como pastor.

Si el pastor se deja colocar en el lugar de una "percha" donde los feligreses cuelguen el ropaje de sus fantasías, así le irá a él y a la congregación a su cargo. El es un siervo de Dios, pero también es un ser humano. No hay que equivocarse, ser un siervo de Dios no significa ser un dios. De la verdadera adoración a la idolatría no hay mucha distancia, hay sólo un resbalón, ¡cuidado hermano, no se resbale! Para evitar el pecado de omnipotencia y autoritarismo, el pastor debe siempre recordar que no es más que un ser humano y pecador: redimido, pero pecador.

Hasta aquí me he referido a trastornos de la personalidad que no son graves, es decir, me he referido a transtornos neuróticos. Pero la transferencia puede expresarse en formas mucho más graves en las psicosis, es decir, en lo que comunmente se llama "locura". En este caso se trata de la erotomanía. Lamentablemente muchos pastores han caido víctimas de esta enfermedad, algunos sin ser culpables de falta algina. Sólo por la palabra de una mujer supuestamente "cuerda" algunos han sido separados del ministerio. Hace algunos años fui a predicar a una Iglesia a mil kilómetros de Buenos Aires. A la mitad del culto una mujer comenzó a gritar: "El pastor me ama, el pastor me ama y yo lo amo a él" Varios hermanos la sacaron, y el culto continuó. Al final tuve una reunión con los diáconos, que no sabían qué hacer con el problema que se les había planteado. El pastor insistía: "Yo no tengo nada que ver en esto". Así era en realidad, ese pastor continúa en su púlpito, y goza del respeto de todos los hermanos. A la erotomanía la conozco, no sólo por lo que he leído en los libros, sino que he tenido que actuar en una docena de casos.

Tensiones creadas por la incapacidad para manejar la transferencia negativa

La agresividad es una fuerza natural en el ser humano, que debe ser controlada y orientada hacia lo creativo y hacia el bien. De no ser así, se dirigirá hacia la destrucción y la muerte. A algunos les cuesta pensar que Dios puso esa fuerza en el ser humano. Sin embargo, también la puso en los animales para su autodefensa, así como el instinto de conservación de la vida. Como los animales no sufren la represión, en ellos la agresividad aparece en su forma original, sin el desgaste de la cultura. La agresividad, más o menos atenuada, existe en todos los pastores y en todos los feligreses. Y, como el ejemplo de las manos, la agresividad puede ser bien o mal usada. La agresividad provee las energías, pero hay que saber qué hacer con ellas.

Debo aclarar que además de la transferencia, existe la contratransferencia. En el caso del pastor, se expresa por su tendencia a responder con amor al amor de su congregación, cuando la contratransferencia es positiva o a ser agresivo con todo aquel que él suponga que le hace sombra, aun cuando los feligreses no sean agresivos. Debo aclarar que cuando el amor del pastor por su congregación es una expresión del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22) no se trata de una actividad humana, o sea, una contratransferencia positiva, sino que estamos delante de una acción divina directa.

En el caso de los feligreses agresivos, que los hay, el pastor también debe tener en cuenta que la agresión se dirige hacia la función y no hacia el funcionario. Es decir, se agrede a su investidura pastoral y no a su persona. No debemos olvidar que estamos en presencia de un proceso inconsciente que se actualiza en el aquí y el ahora, sin que nos demos cuenta.

Sin embargo hay muchos pastores que se sienten agredidos y perseguidos cuando nadie los agrede ni los persigue. Pero cuando la agresión existe realmente, teniendo en cuenta la transferencia, sugiero que el pastor no tome la tensión como un problema personal. Según la Palabra de Dios hay que manejar la crisis a nivel de comunidad de fe, en tal caso, habría que aplicar las pautas que nos ofrece el Señor en San Mateo 18:15-20. Por otro lado, los feligreses tienen el derecho a opinar diferentemente del pastor, quien como ser humano que es, puede equivocarse como cualquiera. Además, el disenso en el contexto del Pueblo de Dios, puede ser más constructivo que destructivo, todo depende de la humildad del pastor, más bien, de lo que dice Gálatas 5:22-23.

Tensiones psicológicas creadas por el mal uso del poder

No sólo en Listra, entre paganos, se ha utilizado a la religión como fuente de poder. Durante mucho tiempo éste ha sido un tema virgen en la reflexión teológica pastoral. No obstante, el mal uso del poder en el contexto de la Iglesia ha sido sufrido por muchos hermanos y ha sido la causa de que muchos creyentes fieles se hayan apartado de las filas de la Iglesia.

Este tema no ha sido tomado en consideración por la Psicología Pastoral, a pesar de su gran importancia. Recientemente, en la década del ochenta aparecieron dos libros que se ocupan del asunto. Uno de los autores es noruego, protestante y fundamentalista el otro es brasileño, católico romano y teólogo de la liberación.

El libro del noruego Edin Lövas se titula: Dictadores espirituales, El abuso del poder en la Iglesia. (5). Lövas diagnostica a los que abusan del poder en la Iglesia como psicópatas. En una nota al pie, el traductor afirma: "El autor utiliza los conceptos de psicópata y dictador espiritual como sinónimos para describir a este tipo de persona". (6). Al comienzo de su obra Lövas dice: "Después de trabajar cuarenta años como guía espiritual, me atemorizan los enormes sufrimientos que causan los dictadores espirituales a personas, grupos y congregaciones cristianas. Al mismo tiempo, me causa consternación el hecho de que rara vez se habla con claridad acerca de esto, aún entre los cristianos y los especialistas en el campo". (7). No voy a intentar resumir el libro. Me voy a limitar a reproducir un párrafo del prefacio y a enumerar los títulos de los capítulos: "Para el dictador espiritual, el ansia de poder ha llegado a ser un vicio, del modo que el alcohol lo es para el alcohólico o el robo lo es para el cleptómano". (8). La introducción lleva por título: Acerca de algo aterrador. El primer capítulo: ¿Qué es lo esencial en los sentimientos del dictador espiritual?. El segundo: Aman ser el centro de atención. El tercero: Están siempre alerta para el combate. El cuarto: El sentimiento de culpa es su arma principal. Quinto: Rompen a los demás la confianza en sí mismos. Sexto: No comprenden las necesidades de los demás. Séptimo: Tienen una gran necesidad de estímulo. Octavo: Ponen exigencias exageradas. Noveno: Engañan a la mayoría. Décimo: Aman los sistemas jerárquicos. Décimo primero: Son casi bienvenidos en los medios cristianos. Décimo segundo: Atacan a los débiles. Décimo tercero: Han ido muy lejos en su ansia de poder. Décimo cuarto: El peligro de utilizar el concepto de dictador espiritual. Décimo quinto: No cuentes con una mejoría. Décimo sexto: Cuando son desenmascarados. Décimo séptimo: Rompe todo contacto con ellos. Ultimo capítulo: ¿Cuál será su juicio? ¿Tienen algún valor como personas?. La obra de Lövas apareció en Oslo en el año 1987. La versión castellana en Barcelona en el año 1991.

Seis años antes de la aparición del libro de Lövas, en 1981, se editó en Brasil la obra de Leonardo Boff: Igreja, carisma e poder. (9). En esta obra, el capítulo cinco es fundamental. Se titula: ¿Pueden transformarse en la Iglesia el poder y la institución? Dice Leonardo Boff: "La institución siempre tiene algo que ver con el poder. Como excelentemente afirma Lord Acton, todo poder tiende a corromperse, el poder absoluto tiende a corromperse absolutamente". (10). El autor hace un importante análisis histórico, criticando a su iglesia desde adentro. Esto no impidió que fuera sancionado por el poder que criticó. La entrada del poder secular en la institución eclesiástica ocurrió, para Boff, de la siguiente manera: "Todo sucedió demasiado rápido. La Iglesia, a pesar de las persecusiones, parece que no estaba preparada para afrontar evangélicamente los desafíos propios del poder. No abolió el orden preexistente y se adaptó a él, ofreciéndole al Imperio una ideología que apoyaba el orden vigente, y sacralizaba el cosmos pagano.....Con la entrada en la Iglesia de los funcionarios del Imperio, que debían asumir la nueva ideología estatal, lo que se verificó fue antes una paganización del cristianismo, que una cristianización del paganismo. La Iglesia, que hasta el año 312 había sido más movimiento que institución, pasó a ser la gran heredera de las instituciones del Imperio". (11).

El libro de Boff no está cargado de amargura, ni de resentimiento. El es un hombre de fe, un hombre de la Iglesia. Por lo tanto, nos deja un mensaje de esperanza: "¿Es que hay algo extraordinario para Yavéh? (Génesis 18:13-14). Sonríe, Sara, porque, de estéril, te has convertido en fecunda, de vieja has sido transformada en nueva. Sara ya ha concebido. Ya han comenzado a aparecer, en el seno de la vieja Sara, los signos de la nueva vida: una iglesia nueva está naciendo en las entrañas de la humanidad". (12).

Hay otras tensiones psicológicas que tiene que encarar el pastor como ser humano. Me he limitado a describir las tres tensiones que encuentro en lo que llamo el síndrome de Listra: La transferencia positiva que procura el endiosamiento de la persona admirada o amada la transferencia negativa que procura la destrucción del objeto temido, odiado o rechazado y la tentación de manejar el poder a partir de una posición de privilegio como es la del pastor. San Pablo se enfrentó victoriosamente a las tres tentaciones. Para el pastor de hoy, las tres tensiones psicológicas siguen en pie, ¡cuidado hermano, no se resbale!

¿Cómo reaccionar ante las tensiones psicológicas en actitud sana y espíritu cristiano?

No existe una respuesta válida para todos los casos particulares. Si alguien espera que le dé una receta mágica para resolver los problemas humanos, va a quedar defraudado, porque no existen recetas mágicas para las tensiones a las que nos hemos referido. Cada uno tendrá que encontrar su propia respuesta a la luz del Evangelio, del contexto sociocultural en que vive y de las características personales de las personas involucradas.

Cada uno de nosotros tiene una estructura psíquica que fraguó alrededor de los seis años. Dicha estructura ha de sostener todo lo que se edifique a lo largo de toda la vida. Así como en un edificio se pueden hacer cambios para darle otra utilidad al mismo, siempre y cuando no se toque la estructura, porque, de hacerlo, se vendría abajo así también el Evangelio produce cambios, lo que llamamos conversión, en la vida de las personas. Pero cada cual conservará su estructura psíquica. Podemos ver esto aún en los discípulos del Señor, en Pedro, por ejemplo, y también en nuestras congregaciones.

En mi libro Psicología Pastoral de la Iglesia, escribí la siguiente definición: "Una iglesia es un conjunto de personas que confiesan a Jesucristo como su Señor y Salvador personal, conservan sus características individuales distintivas, adoran juntos a Dios, interactúan entre sí a la luz del evangelio para el mutuo enriquecimiento, y colaboran con Dios para el logro de la redención de todo el hombre y de todos los hombres". (13). Las características individuales distintivas a que hago referencia constituyen la estructura psíquica que habremos de conservar a lo largo de toda nuestra vida. Así, si nos convertimos siendo histéricos u obsesivos, vamos a convertirnos en cristianos redimidos histéricos u obsesivos. Este enunciado teórico procede de mi práctica pastoral.

Si bien no hay reglas mágicas aplicables a todos por igual, existen algunas pautas generales que pueden ayudarnos en nuestra ubicación frente a las tensiones psicológicas a las que nos hemos referido. Veamos estas pautas:

1.- "No existen más tensiones psicológicas en el pastor que las que el mismo genera". Esta afirmación teórica que presenté al comienzo de mi exposición, tiene sus raíces en la realidad de que cada pastor, al convertirse, conserva sus características individuales distintivas, es decir, su estructura psíquica. A veces el pastor logra dejar su impronta en la congregación, la cual tendrá una personalidad a imagen y semejanza del pastor, y no a imagen y semejanza del hombre nuevo según el modelo de Jesucristo. Cada pastor debe preguntarse quién es su modelo personal, si Jesucristo o sí mismo. A veces es un poco de cada uno. Por eso se generan las tensiones psicológicas. Claro que algunos dirigentes laicos suelen presentar tensiones, pero éstas afectarán al pastor en tanto la problemática inconsciente de esos laicos coincida con la del propio pastor. Cuando esto ocurre, el pastor se obnubila y actúa como si se hubiera olvidado de que él es pastor. Lo cual no quiere decir que carezca de salud espiritual, su carencia está en lo psicológico.

2.- Cada pastor conserva sus características individuales distintivas, es decir, su estructura psíquica. Por eso no es aconsejable que un pastor esté de por vida al frente de una misma congregación, aunque esto puede resultar bueno excepcionalmente. En la mayoría de los casos me parece aconsejable el cambio pastoral para que la congregación se enriquezca con la variedad de aportes pastorales, y para que el pastor no esté sometido a la tentación de creerse "el dueño de la quintita". Encarar las tensiones psicológicas con una actitud sana y con espíritu cristiano implica reconocer nuestra pequeñez, y que la obra en que estamos involucrados en más grande que nosotros. 3.- El pastor que realmente desee encarar sanamente y con espíritu cristiano sus tensiones psicológicas debe reconocerse como un ser escindido entre dos sistemas: lo consciente y lo inconsciente. De lo inconsciente proceden los mecanismos de defensa que siempre escapan a nuestra percepción consciente. Para el estudio de esta cuestión remito a mi libro Psicología pastoral para todos los cristianos. (14).

4.- Uno de los mecanismos de defensa más comunes entre los pastores es la proyección. Se proyecta hacia afuera la culpa. Son los otros los culpables, el siervo de Dios siempre tiene la verdad y la virtud. ¿Quién no conoce a pastores que son incapaces de mantener sus congregaciones unidas? ¿Quien no conoce congregaciones que son como las abejas porque de vez en cuando se les escapa un enjambre? ¿Por qué algunos pastores logran mantener unidas sus congregaciones mientras que otros, a donde quiera que van, se producen divisiones? ¿Dónde está el Espíritu Santo del cual procede la unidad de la Iglesia según Efesios 4:3? ¿Dónde está el concepto de pecado? El pastor que quiera encarar sanamente y con espíritu cristiano sus tensiones psicológicas debe reconocerse pecador, debe admitir que dentro de sí mismo tiene un enemigo debe admitir que lo peor de su vida está acumulado en su inconsciente. No es fácil alcanzar la conversión de lo inconsciente. Yo mismo no pretendo haberla alcanzado. Pero reconocerlo me permite ser sincero y humilde delante de mi Señor y de su pueblo. Es muy fácil afirmar que todos los hombres son pecadores y llamarlos al arrepentimiento. Pero cuando uno se cree una persona muy importante porque es un pastor, resulta difícil confesar: "Yo soy un pecador y me arrepiento de mis pecados".

5.- El pastor que desee encarar sus tensiones psicológicas sanamente y con espíritu cristiano debe tener en cuenta el síndrome de Listra. Debe reconocer la existencia de la transferencia positiva y de la negativa, así como la contratransferencia, también debe ser capaz de encarar adecuadamente estas relaciones humanas.

6.- El pastor que desee encarar sus tensiones psicológicas sanamente y con espíritu cristiano debe cuidarse de las tentaciones del poder. Tanto de las tentaciones de disponer del poder que le ofrece la transferencia positiva de sus feligreses, como de su propio deseo de ser algo más que un ser humano.

7.- Finalmente, cada pastor debe someterse semanalmente a un test que resulta infalible. Se trata del test del fruto del Espíritu Santo que aparece en Gálatas 5. Cada semana todo cristiano debe hacer una evaluación de lo que él permite que el Espíritu Santo haga en su vida. El test del fruto del Espíritu Santo consiste sólo en dos preguntas: 1.- ¿Tengo amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio? (Recuérdese que la Biblia habla del fruto, en singular, y no de los frutos del Espíritu). 2.- Tengo todos y cada una de las expresiones del fruto del Espíritu? No es necesario hacer más preguntas.

Notas 1 J. Lacan, Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, (Buenos Aires, 1986, Paidós), p. 240.

2 Ibid., p. 152.

3 S. Freud, O. C., Vol. 13, Puntualizaciones sobre el amor de transferencia, (Buenos Aires, 1988, Amorrortu editores), p. 173.

4 J. Lacan, Los cuatro conceptos..., Op. Cit., p. 143.

5 E. Lövas, Dictadores espirituales, El abuso de poder en la Iglesia, (Barcelona, 1981. Libros Clie).

6 Ibid., p. 13.

7 Ibid., p. 11.

8 Ibid., p. 7.

9 L. Boff, (versión española), Iglesia: carisma y poder, (Santander, España, 1982, Sal Terrae).

10 Ibid., p. 94.

11 Ibid., pp. 98-99.

12 Ibid., p. 123.

13 J. A. León, Psicología pastoral de la iglesia, (Miami, 4a. Edic., 1986, Editorial Caribe), p. 16.

14 J. A. León, Psicología pastoral para todos los cristianos, Op. Cit. En el capítulo 2 titulado: La dinámica de lo inconsciente, afirmo que los mecanismos de defensa inconscientes actúan como una especie de antítesis de la obra del Espíritu Santo. Pretenden convencernos que no somos pecadores. Por el contrario, el Espíritu Santo nos convence de pecado. (Juan 16:8).

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